¡Girona, una ciudad que enamora!

El pasado 7 de noviembre fuimos a Girona. Llegamos a la ciudad relativamente pronto y pudimos dar una primera vuelta sin demasiados turistas.

Primero de todo, debemos aclarar que, aunque ya habíamos estado con anterioridad, somos fans de Juego de Tronos y esta visita fue un poco especial, ya que la ciudad da pie a que en casi cualquier rincón puedas imaginar posibles escenarios y escenas.

Empezamos el día visitando la catedral. Parece imposible que en una plaza tan pequeña pueda haber tal monumento. Subimos las largas escaleras con emoción y con un toque épico hasta llegar a la entrada de la catedral. Visitamos la iglesia por dentro también y, aunque nos gustó bastante, creemos que es bastante “apagada” y “oscura”. Aún así, se merece una visita porque, igual que el exterior, es impresionante. Además, si entráis estaréis accediendo a la segunda nave gótica más ancha del mundo, justo después de la muy conocida Basílica de San Pedro del Vaticano.

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Después de visitar la catedral seguimos nuestro recorrido hasta la muralla. Aprovechamos para subirnos en ella y pasearnos, retratando panorámicas de la ciudad durante un buen rato.

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Cuando habíamos terminado de la muralla de Girona nos dirigimos a “El Call jueu”, el barrio judío de la ciudad, donde hasta el siglo XV vivía una pequeña comunidad. Recorrimos sus calles y avistamos rincones muy interesantes y no era para menos, ya que es considerado uno de los núcleos medievales mejor conservados de Europa.

Hicimos todo este recorrido prácticamente solos, sin encontrarnos con demasiados turistas, y eso se agradeció.

Después fuimos a visitar la zona de las “casetes d’Onyar”, o Casas del Oñar, que son una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad. Esta vez y después de muchas fotografías, cruzamos el río por el Puente de Hierro, que data del año 1877.

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Justo cruzando el puente, nos encontramos con “Rocambolesc”, la heladería de los ya muy conocidos “Germans Roca”. El diseño del establecimiento es espectacular y muy cuidado. En esta ocasión, no pudimos comernos un helado… más que nada por el frío que hacía, así que terminamos desayunando un delicioso croissant de chocolate.

Teniendo ya algo en el estómago, repetimos el paseo (o gran parte de él), ahora con más luz pero también con más gente. Dimos un rodeo en el sentido contrario y empezamos siguiendo el río. Nos topamos con un mercadillo popular y de ahí volvimos al casco antiguo de la ciudad. Pasamos la mañana descubriendo callejuelas y nuevos lugares.

Cuando se hizo la hora de comer empezamos a buscar un sitio donde comer bien sin dejarnos una fortuna. Terminamos encontrando un pequeño sitio de hamburguesas, el R27 Burger Bar, situado en la Rambla de la Llibertat que cuenta con una zona porchada.

Estuvimos comiendo sentados al lado del río, en una de las “casas” que acompañan al río a su paso por Girona. Las vistas estaban bastante bien y el lugar era muy original. Además, las hamburguesas, que rondaban los 7 euros, estaban deliciosas.

Cuando terminamos de comer, volvimos a cruzar hacia el otro lado del río y nos despedimos de la ciudad visitando la Plaza de la Independencia, que hace referencia a la Guerra de Independencia Española.

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Adéu!! 🙂
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2 comentarios en “¡Girona, una ciudad que enamora!

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