Diario de a bordo: Marruecos (III)

Día 4: Chefchauen – Fez

Me levanté muy temprano, me duché y, una vez había desayunado, fui a perderme por la medina. El hecho de andar temprano me permitió huir del calor y, sobretodo, poder disfrutar de las calles vacías y hacer fotos con tranquilidad.

Si Chefchauen ya es bonito de noche... De día se supera en creces! :D (I)
¡Chefchauen a plena luz del día! 😀
Si Chefchauen ya es bonito de noche... De día se supera en creces! :D (I)
¡Cada rincón de Chefchauen es precioso!
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Este pueblo es conocido por sus calles encaladas y sus tonalidades azules.
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Vida cotidiana en Chefchauen.

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Después de eso, fui subiendo por las calles hasta que salí de la muralla y, cuando ya estaba muy cerca de la cima de la montaña, me encontré un burro y una oveja. Todo hacía presagiar que por aquellos paisajes tan bonitos, podría encontrar de todo (Chefchauen está localizado muy cerca de uno de los parques naturales naturales más bonitos del norte de Marruecos).

Subiendo hacia la foto perfecta.
Subiendo hacia la foto perfecta.
Chefchauen desde las alturas, dónde se puede observar que está situada en un valle.
Chefchauen desde las alturas, dónde se puede observar que está situada en un valle.

Una vez conseguí la foto perfecta, y es que el pueblo incita a ello, y con todos las tiendas y tenderos “quejicas” establecidos, bajé para terminar tomando un té en una especie de jaima justo en el centro de la plaza. Luego recogí la mochila, me despedí de los amables paletas de Casa Amina y, por el camino, compré alguna cosa para beber durante las 4 horas y media que me separaban de Fez.

Esta vez, el trayecto en bus fue todo al contrario que a la ida. Salimos antes de la hora prevista, había sitio de sobra y, por momentos, el calor dejaba huella. Antes de las 6 de la tarde ya estaba en Fez, aunque no tenía muy claro dónde exactamente. Esto se solucionó rápidamente. Salí a la calle para negociar el precio del taxi (más bien una furgoneta) y un supuesto hotel en medio de la medina con baño y ducha en la habitación y a dos minutos de la famosa Bab Bou Jeloud.

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La Puerta Bab Bou Jeloud es el acceso principal a la Medina de Fez, la zona más antigua de la ciudad. Fue construida en 1913 y destaca por su decoración compuesta de azulejos de tonos azules. 🙂
Bab Bou Jeloud se encuentra animada y repleta de gente a cualquier hora del día.
Bab Bou Jeloud se encuentra animada y repleta de gente a cualquier hora del día.

El taxi me salió por 30DH, un precio muy caro si después la habitación no resultaba ser lo prometido… ¡pero sí que lo fue! Llegué hasta allí mientras seguía a un hombre que sólo chapurreaba el francés y no sabía ni donde estaba, aunque se suponía que era la medina). Una vez vista y pagada la habitación (120DH), salí a descubrir donde estaba y si realmente estaba en el sitio que me habían dicho.

Aunque estaba al lado, tardé un buen rato en encontrarla y si lo hice fue gracias a unas chicas inglesas que vi deambulando. Después vi las murallas de esa parte de la ciudad y paseé por un parque muy bonito y verde, un oasis de paz. Terminé enfilando la Avenida Merinides en dirección a las tumbas en busca de una foto panorámica de la ciudad antigua.

Las murallas de Fez conviven y combinan perfectamente con la vida cotidiana.
Las murallas de Fez conviven y combinan perfectamente con la vida cotidiana.
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Panorámica de la antigua ciudad!

De vuelta en el hotel, dejé la cámara y me marché a cenar y a pasear con total libertad. Después de cenar durante dos horas, intenté caminar un rato, pero al ver las dificultades que conllevaba moverme con tal cantidad de comida en el estómago terminé sentándome en la gran plaza mientras veía a los niños jugar.

Después de la ducha y de usar el Wi-Fi, era hora de ir a dormir.

Día 5: Fez – Barcelona

El último día de mi viaje a Marruecos me desperté bastante tarde, hacía las 9:15h. No tenía demasiadas cosas por hacer aquel día, así que me vestí tranquilamente y me dejé la mochila preparada antes de salir a buscar algo para desayunar.

Compré un par de creps típicos de Marruecos, uno de queso y otro de nocilla por 4DH. Mientras los comía, iba andando en dirección a la Mezquita Al Qarawiyyin con capacidad para 20.000 personas.

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La Mezquita Al Qarawiyyin es conocida por su gran capacidad, su continua expansión y por albergar la universidad más antigua del mundo.

Una vez encontrada y vista, fui dando un paseo hasta el hotel dónde devolví las llaves y hice unas fotos desde la terraza. Acordé con ellos la recogida de mi mochila y me volví a ir al jardín del día anterior para relajarme y escribir un poco bajo la sombra refugiándome así de la calor de África.

Antes de comer hice mi último paseo por la medina con la intención de ver las famosas curtidoras y no fue hasta que ya me marchaba cuando me asaltó un niño vendiéndome unas vistas privilegiadas. Después de decirle que no pensaba pagarle más de 5DH (me pedía 20DH, por pedir…) y empezar a andar, aceptó.

Paseando por el Fez más auténtico.
Paseando por el Fez más auténtico.
Curtiduría Chouwara (I)
Curtiduría Chouwara
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Las curtidurías son igual de pintorescas que malolientes, por eso es común que se ofrezca un trozo de menta para contrarrestar el olor.
Las curtidurías componen uno de los panoramas más pintorescos a la par que malolientes de la ciudad. En ellas, infinidad de fosas repletas de tintes naturales componen un colorido paisaje mientras se encargan de la producción y coloración del cuero del cordero, el buey, la cabra y el camello.
Las curtidurías  se componen de unas fosas llenas de tintes naturales que sirven para producir y dar color al cuero de la piel de corderos, bueyes, cabras y camellos.

Aunque había pasado muy cerca de ellas, hay que reconocer que en este país se tiene que pagar para ver ciertas cosas ya que sino sería imposible llegar. El olor no era molesto y no necesité la menta que me ofrecieron. Una vez hechas las fotos, he tanteado el precio de unas babuchas. Cuando tuve suficiente de la forma ofensiva de venta, le di los 5DH mientras lamentaban mi poca generosidad y me marché.

No fue demasiado complicado encontrar el camino de vuelta y al llegar a la puerta principal eché un ojo y me decidí a volver al restaurante donde la noche anterior me recibieron tan bien. Aunque no me gusta repetir sitio por el tema de la diversidad y de distribuir el dinero, lo hice a gusto. Pacté un buen precio (40DH) y comí un plato de tortilla bereber con bebida, postre y té. El plato incluía arroz, patatas fritas y una tortillita finita con cebolla, zanahoria y pimiento.

Otra vez, fue una comida larga. Durante casi dos horas, disfruté del frenesí de esta ciudad que rememora tiempos pasados. El hecho de estar solo en una terraza ha propiciado intercambiara unas palabras con un camarero sentado a mi lado. También fue curioso ver como actuaba y la ya típica discusión entre camareros rivales para captar clientes, así como la gente que pasaba ofreciendo su espectáculo a cambio de unas monedas.

Para terminar de aprovechar el tiempo, volví en busca de paz al parque dónde pasé cuentas y estuve escribiendo. Antes de las 6 de la tarde, recogí la mochila y cogí un taxi dónde practiqué mi italiano. Después, siguiendo las indicaciones de un policía, he llegado a la parada del bus urbano (número 16) que me llevó hasta el aeropuerto por el módico precio de 3,5DH. Mientras esperaba, conocí a un chico marroquí con el que estuve charlando durante el trayecto. Me sorprendió que, en Marruecos, dependiendo del respeto a la otra persona se le dan 2 o 4 besos al saludarse, así como que (al menos la juventud) con amistad con el sexo contrario siempre se dan 2 (¡y yo que pensaba que eso no se podía hacer!).

¡Un buen refugio  para relajarse en Fez!
¡Un buen refugio para relajarse en Fez!

Una vez llegué al aeropuerto, rellené la hoja de salida y, posteriormente, hice el check-in el primero (como siempre) :). Seguido de esto, me puse a hablar con una pareja de chicos muy simpáticos que ya había visto mientras paseaba durante el día. Hablando del desierto y de las diferentes sensaciones que nos había transmitido este país tan diferente y fantástico, llegó la hora de embarcar y de terminar el viaje… 😦

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2 comentarios en “Diario de a bordo: Marruecos (III)

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