Diario de a bordo: Marruecos (I)

Día 1: Barcelona – Meknés

Salí el día 29 de mayo alrededor de las 11 de la mañana del Aeropuerto del Prat. Viajé con Vueling y la puntualidad fue absoluta. Al cabo de una hora y tres cuartos, ya me encontraba pasando el control de pasaportes del Aeropuerto de Fez. Una vez lo pasé, me fui a cambiar de divisa y a empezar mi aventura marroquí.

Estuve acompañado de dos chicas en una carretera semi-desierta, ya que siempre hay taxistas persuasivos en todos lados, esperando con incertidumbre la llegada de un bus que tenía que dejarme en la Gare de Fez. Al cabo de un rato, y a pesar de la advertencia de que el bus ese día curiosamente no circulaba, apareció y por 5DH nos llevó junto a mucha otra gente local que salía de colegios, mezquitas…

Una vez había llegado a la estación, empecé a tantear el precio de las habitaciones y me despedí de esas chicas con las que había esperado el autobús de la estación para irme a coger un tren en dirección a Meknés. En 30 minutos exactos y por 20DH me dejó en una estación que más tarde descubrí que no era la central. Así que, cuando terminé mi bocadillo, me puse a andar.

Paseando por el auténtico Meknés...
Paseando por el auténtico Meknés…

Estuve andando más de tres horas sin tener ni idea de donde estaba, pero estuve en el Marruecos más auténtico. Calles y callejuelas en medio de barrios muy populares, donde difícilmente habían visto muchos turistas. Más tarde y cuando ya estaba destrozado después de andar tanto con 9kg en la espalda, me paré a tomar una Coca-Cola y allí me recomendaron que cogiera un taxi para llegar hasta el centro. En ese momento, no le hice demasiado caso porque como siempre tienen algún interés… (o almenos así era en Marraqueix).

Finalmente, rendido y viendo como no llegaba a ningún sitio y teniendo en cuenta que estaba oscureciendo y aún no sabía donde pasaría la noche, tuve que coger un taxi. En diez minutos, ahora sí, ya estaba en el centro. Estaba en la Plaza Al-Heime, que hervía de actividad, y delante mío se encontraba la bonita “Bab Mansour”. Di una vuelta por algunas calles en las que era difícil moverse debido a la gran cantidad de gente que había y estuve intentando regatear en diferentes hoteles hasta que encontré el mío. Pagué 100DH por una cama y un grifo, me fui a cenar y a dormir con  un ruidoso ambiente de fondo.

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La puerta Bab Mansour fue construida en 1732 y está considerada como una de las obras más bellas de Moulay Ismael. Es la más grande de Marruecos y de África del Norte.

Día 2: Meknés – Volubilis- Moulay Idriss – Meknés – Rabat

Me desperté hacia las 6 de la mañana y a las 7 ya estaba vestido y fuera de la “habitación”. Enseguida paré un taxi para que me llevara a la parada de Grand-taxis(es una opción para moverse entre ciudades, si los horarios de tren/bus no te convienen o simplemente no existen), donde cogí uno que me llevaría a la antigua ciudad romana de Volubilis (Patrimonio Mundial de la UNESCO) y a la pequeña y bonita ciudad santa del Islam, Moulay Idriss.

Volubilis desde lejos.
Volubilis en perspectiva.
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Volubilis es una antigua ciudad romana situada en el territorio del actual Marruecos, aunque su origen se sitúa hacia el siglo III a.C. cuando fue fundada por los cartagineses. El yacimiento arqueológico de Volubilis es uno de los mejores preservados del Norte de África.

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Parte interior del recinto sagrado de Moulay Idriss.
Parte interior del recinto sagrado de Moulay Idriss.
Un burrito muy simpático en Moulay Idriss.
Un burrito muy simpático en Moulay Idriss.
Detalles del arte islámico.
Detalles del arte islámico.

El taxi para mí solo me costó 270DH y me permitió estar 1 hora y cuarto en Volubilis y 1 hora en Moulay Idriss. Finalmente, estuve unos 40 minutos en cada uno de ellos y hacia las 10:30 de la mañana ya estaba en la estación central (ahora sí) de Meknés.

Después de una hora de espera, subí a un tren que en 2 horas y 20 minutos me dejó en Rabat Centre Ville. Debo decir que sólo salir ya me gustó el aire que se respiraba en la ciudad. Además, se notaba que es una ciudad del litoral. Cogí la Avenida Mohamed V y crucé toda la medina para llegar al mar. Desde allí vi un fuerte, un cementerio inmenso y la muralla que rodea la medina de la capital.

Siguiendo la costa, me puse en dirección a la Kasbah de los Oudaies. Es, realmente, un sitio donde pasear tranquilamente, hacer fotografías y disfrutar de una pequeña ciudad amurallada al lado del Océano Atlántico.

Kashba del Oudaies.
Kashba del Oudaies.
De camino a la Kashba del Oudaies. (II)
Kashba del Oudaies.

Hecho esto, volví a la medina por la parte más próxima a la zona judía (Mellah) para terminar siguiendo el río antes de llegar a la desembocadura del río Bou Regreg y terminar llegando a la tumba de Mohamed V y la torre de Hassan II.

torre hassan 2. esta davant del mausoleu de mohamed v, millor aneu i gaudiu d'aquest lloc tan bonic
La Torre de Hassan II se encuentra delante del Mausoleo de Mohamed V. Os recomendamos al 100% la visita al mausoleo, porque es precioso y una fotografía no le hace justicia.

A las 5 de la tarde, ya había visto los principales atractivos de la ciudad y necesitaba con urgencia una ducha y un sitio donde dejar mi mochila. Aproximadamente una hora más tarde, llegaba (por fin) a un hotel propiamente dicho y por el que pagué un precio alto (300DH). Necesitaba una ducha, un baño, enchufes y, con suerte, Wi-Fi para dar señales de vida.

Una vez limpio, contacté con el mundo para transmitirles que estaba perfectamente y salí, esta vez ya sin peso, a deambular por las calles mezclándome con los locales por algunas de las zonas comerciales más frecuentadas e interesantes de la medina. Ahora sí, pude disfrutar de la maravillosa experiencia de comportarse como un nativo y dejándome guiar por el instinto, los olores y la multitud fui pasando por diferentes callejuelas.

Para terminar este largo día, compré una especie de sándwich local, con carne de Kefta, y lo fui degustando mientras volvía por la Avenida Mohamed V, que conducía a mi hotel. A partir de allí, una última conexión y a dormir.

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7 comentarios en “Diario de a bordo: Marruecos (I)

  1. Que belleza que son todos los tonos de azul!
    Parece muy lindo todo, lastima que uno se vea obligado a desconfiar de los que quieren ayudarnos “desinteresadamente”, en detrimento nuestro y de los que son genuinamente generosos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Sí, el sitio es precioso y esos tonos azules lo hacen aún más perfecto para perderse. Sí que es una lástima, pero nosotros creemos que simplemente no debe ser su punto fuerte. Aunque sin está emoción, ¿qué sería de estos viajes? Aún así, la mayoría de la gente es muuuuuy amable!

      Le gusta a 1 persona

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